jueves, 3 de noviembre de 2016

Nuevas pruebas demuestran el origen 'divino' de los chinos



El sistema por el cual se hereda el apellido paterno, empleado por la mayoría de las sociedades del mundo, deriva de un método que nació en China, hace más de 5mil años. En este país existe una teoría que sitúa el origen de prácticamente todos los apellidos en tan sólo ocho grandes clanes de la antigüedad, descendientes a su vez de los emperadores Yan y Huangdi.

Científicos de la Universidad Central Sur de China, realizaron un estudio genético sobre 2.415 personas del grupo étnico han, al cual corresponde más del 92 por ciento de la población actual de China. Así, lograron hallar tres huellas en el cromosoma Y, denominadas O3a1c, O3a2c1 y O3a2c1a.

Esto permitió saber que aproximadamente un 40 por ciento de la población china deriva de tres grandes padres genéticos, oriundos del Neolítico. Además, se pudo determinar una conexión hereditaria con los emperadores Yan, Huangdi y Chi You, aunque este último tuvo poca descendencia porque sus herederos fueron exiliados cuando perdió la guerra contra Huangdi.

Los hermanos Yan y Huangdi son parte de la más legendaria historia china. Al primero, conocido también con el nombre de Shennong ('El granjero divino'), se le atribuyen el desarrollo de la agricultura, la invención del arado y profundos estudios botánicos. Al segundo, conocido como 'El emperador amarillo', se le adjudican los orígenes de la medicina tradicional china y la aritmética y es señalado como un juez inmortal, dios de la montaña y el centro de la Tierra.

Fuente:
Cold Spring Harbor Laboratory
History

Imagen:
Shutterstock

jueves, 27 de octubre de 2016

Objeto de aluminio de 250 mil años encontrado en Rumania puede ser parte de un OVNI según ufólogos


   
En un verdadero enigma científico se ha convertido una pequeña pieza metálica hallada en Rumania, que tendría una edad aproximada de 250.000 años. Para varios entusiastas del fenómeno OVNI, este objeto puede ser la prueba definitiva de que en el pasado remoto los extraterrestres visitaron este planeta, afirma el periódico británico The Mirror.

El trozo de metal descubierto en 1973, que se dio a conocer solo recientemente, es de aluminio, lo cual abre muchas interrogantes que no han podido ser respondidas, ya que el aluminio recién pudo ser aislado por la ciencia moderna hace 200 años.

El diminuto objeto, que fue descubierto por unos constructores a orillas del río Mures, cerca de la ciudad rumana de Aiud a 10 metros bajo tierra, es bastante ligero y fue encontrado junto a los huesos de un gran mamífero extinguido. Según los científicos que lo analizaron, contiene un 90% de aluminio y el resto pertenece a 11 metales. Tiene 20 centímetros de largo, 12,5 centímetros de ancho y 7 centímetros de espesor.

No obstante, lo que más llama la atención es que tiene concavidades que sugieren que podría haber sido parte de un sistema mecánico bastante complejo, tal como el de una nave espacial.

“Las pruebas concluyeron que es un viejo fragmento de un ovni porque los elementos que lo componen no se pueden combinar con la tecnología disponible en la Tierra”, afirmó el director adjunto de la Asociación de ufólogos rumanos, Gheorghe Cohal, citado por el medio.

De momento, el objeto está en exhibición en el Museo de Historia de Cluj-Napoca, en Transilvania con un letrero que indica que su origen es desconocido.


Fuente:
Víctor Vargas

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Objeto de aluminio de 250 mil años encontrado en Rumania puede ser parte de un OVNI según ufólogos


   
En un verdadero enigma científico se ha convertido una pequeña pieza metálica hallada en Rumania, que tendría una edad aproximada de 250.000 años. Para varios entusiastas del fenómeno OVNI, este objeto puede ser la prueba definitiva de que en el pasado remoto los extraterrestres visitaron este planeta, afirma el periódico británico The Mirror.

El trozo de metal descubierto en 1973, que se dio a conocer solo recientemente, es de aluminio, lo cual abre muchas interrogantes que no han podido ser respondidas, ya que el aluminio recién pudo ser aislado por la ciencia moderna hace 200 años.

El diminuto objeto, que fue descubierto por unos constructores a orillas del río Mures, cerca de la ciudad rumana de Aiud a 10 metros bajo tierra, es bastante ligero y fue encontrado junto a los huesos de un gran mamífero extinguido. Según los científicos que lo analizaron, contiene un 90% de aluminio y el resto pertenece a 11 metales. Tiene 20 centímetros de largo, 12,5 centímetros de ancho y 7 centímetros de espesor.

No obstante, lo que más llama la atención es que tiene concavidades que sugieren que podría haber sido parte de un sistema mecánico bastante complejo, tal como el de una nave espacial.

“Las pruebas concluyeron que es un viejo fragmento de un ovni porque los elementos que lo componen no se pueden combinar con la tecnología disponible en la Tierra”, afirmó el director adjunto de la Asociación de ufólogos rumanos, Gheorghe Cohal, citado por el medio.

De momento, el objeto está en exhibición en el Museo de Historia de Cluj-Napoca, en Transilvania con un letrero que indica que su origen es desconocido.


Fuente:
Víctor Vargas

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miércoles, 26 de octubre de 2016

Vaticano prohíbe esparcir cenizas de difuntos y causa una feroz polémica


  
Desde el martes 25 de octubre de 2016 existe un nuevo documento titulado ‘Instruccion Ad resurgendum cum Christo’, validado por la Iglesia Católica, que viene a reemplazar a una ordenanza que data de 1963, en relación a una actualización de las normas sobre la sepultura de los fallecidos y conservación de cenizas.

Por lo general el criterio del Vaticano siempre ha sido enterrar a los muertos, como señala el diario El País de España, pero en el artículo se señala que ya sea que por voluntad expresa del muerto o razones higiénicas se optara por cremar al individuo, se prohíbe que sus cenizas sean finalmente esparcidas o incluso divididas entre los familiares o más aún, conservadas en casa.

De esta forma el documento que fue redactado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y firmado por el papa Francisco, de esa forma quiere evitar cualquier malentendido que pueda surgir de orden “panteísta, naturalista o nihilista”. Estas nuevas directrices fueron explicadas por el español Ángel Rodríguez Luño, consultor de la Congregación de la Doctrina de la Fe en una rueda de presa.

Desde ahora y según el documento, quienes profesen la fe católica deben adaptarse a las modificaciones, entre las que se cuentan la “no dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”.

Incluso la serie de medidas son aún más tajantes puesto que si se opta por el esparcimiento de cenizas se puede negar la realización de un funeral. “En el caso de que el difunto hubiera sido sometido a la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le ha de negar el funeral”.

La polémica normativa busca que los cuerpos tengan su ‘eterno descanso’ en un cementerio o lugar sagrado, incluso puede ser en una Iglesia, en un área especialmente acondicionada para dicho fin. En la ocasión el prefecto de la Congregación, cardenal alemán Gerhard Mueller, señaló tajante en la presentación del documento que “Los muertos no son propiedad de los familiares, son hijos de Dios, forman parte de Dios y esperan en un campo santo su resurrección”.

Cabe destacar que no existen razones para no cremar los cuerpos porque como señaló Serge-Thomas Bonino, secretario de la Comisión Teológica Internacional, “la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo”, aunque expresó que es “algo brutal debido a que no es un proceso que natural, sino que interviene la técnica y que además no permite a las personas cercanas acostumbrarse a la falta de un ser querido”.

Las nuevas directrices han causado gran polémica entre integrantes de la religión católica. Una encuesta realizada a través del diario El Economista de México, segundo país con mayor cantidad de católicos después de Brasil, señaló que  sólo el 13% apoya los nuevos lineamientos, en tanto el 39% por rechaza tajantemente. Por otra parte un encuesta del Diario El País de España señala que el 61% está de acuerdo que debe respetarse la voluntad expresada en vida por el difunto y sólo un 13%  que los creyentes creen que deben aceptar lo establecido por la Congregación de la Doctrina de la Fe y visado por el papa Francisco.

¿Qué opinas tú?


fuente:
Felipe Carrasco

domingo, 23 de octubre de 2016

Fotos de “La mano de Dios” que impactó en los cielos de Portugal.    



Una asombrosa nube se pudo ver sobre los cielos de la isla de Madeiros en Portugal, con sus espectaculares colores y formas, fue bautizada por quienes la vieron como “La Mano de Dios”.

El sitio boredpanda publicó algunas imágenes tomadas por el meteorólogo y bloguero Rogerio Pacheco, para quien la nube “se parece a una mano extendida con una bola de fuego”, quien agregó que la forma de “La mano de dios” lo intrigó inmediatamente.

“La mano de Dios” generó todo tipo de especulaciones, algunos vieron un puño incandecente, inlcuso algunos se aventuraron a compararla con un cometa.

¿Qué les parece a ustedes?


Fuente:
José Manuel Olivares

sábado, 22 de octubre de 2016

¿ Por qué muchas civilizaciones antiguas no reconocían el color azul?



El primer intelectual que sabemos que notó algo raro fue William Ewart Gladstone (1809-1898), quien no sólo fue primer ministro británico cuatro veces, sino que también era un apasionado de la obra del poeta épico Homero.

A pesar de las maravillosas descripciones en “La Ilíada” y “La Odisea“, uque incluían frases como “la aurora con sus sonrosados dedos”, en ningún momento pintaba algo de celeste, índigo o añil.

Gladstone repasó entonces todo el relato, pero fijándose especialmente en los colores mencionados.

Encontró que, mientras el blanco aparecía unas 100 veces y el negro casi 200, los otros colores no tenían un rol tan protagónico.

El rojo estaba mencionado menos de 15 veces, y el verde y amarillo, menos de 10.

Se puso entonces a leer otros textos de los antiguos griegos y confirmó que nunca aparecía el azul.


Gladstone concluyó que los griegos de la época no tenían el sentido del color desarrollado, y que vivían en un mundo en blanco y negro, con algunos destellos de rojo y brillos metálicos.

En ninguna parte
La pesquisa de Gladstone inspiró al filósofo y lingüista alemán Lazarus Geiger, quien se preguntó si el fenómeno se repetía en otras culturas.

Y sí: en el Corán, en antiguas historias chinas, en la versión antigua de la Biblia hebrea, en las sagas islandesas y hasta en las Vedas indias, sobre las que dijo…

“Estos himnos, de más de diez mil líneas, están llenos de descripciones de los cielos. Casi ningún otro tema es evocado con más frecuencia. El Sol y el enrojecimiento de la madrugada; el día y la noche; las nubes y los relámpagos; el aire y el éter, todos se despliegan ante nosotros, una y otra vez… pero hay una cosa que nadie podría aprender de estas canciones antiguas… y es que el cielo es azul”.

Pero eso no fue lo único que descubrió, sino que además había una secuencia común en todos esos lenguajes.
Primero aparecen las palabras para negro y blanco u oscuro y claro -del día y la noche-; luego llega el rojo -de la sangre-; después le corresponde el turno al amarillo y al verde, y sólo al final, el azul.

Pero, ¿por qué no tenían azul?
“¿Y por qué deberían de tenerlo?”, le contestó desafiante a BBC Mundo el psicólogo Jules Davidoff, director del Centro para Cognición, Computación y Cultura (CCCC).
“Pues, para poder describir ciertas cosas”, le contestamos vacilantes.

“Bueno, por ejemplo para describirle el mar a alguien que no lo conoce. O para contarle cómo estaba el cielo en algún momento…”.

“¿Quién dice que el cielo y el mar son azules? ¿Acaso son del mismo color?”, cuestiona.

Probablemente tiene razón en objetar ese punto de vista. Al fin y al cabo, él ha dedicado tiempo a investigar reconocimiento de objetos, colores, nombres y neuropsicología cognitiva.

Además, hizo experimentos con una tribu de Namibia cuyo lenguaje no tiene una palabra para el azul, pero sí varias para diferentes tipos de verde.

Cuando les mostró 11 cuadrados verdes y uno azul, no podían encontrar el que era distinto, pero si en vez de azul ese cuadrado era un tono tan levemente diferente de verde que nosotros difícilmente lo notaríamos, lo señalaban inmediatamente.

Y es que, si nos ponemos a pensar, pocas cosas en la naturaleza son azules: una que otra flor quizás, las alas de algunas mariposas, las plumas de ciertas aves, los zafiros, el lapislázuli.

Con sus estudios, Guy Deutscher había llegado a comprenderlo intelectualmente, pero quiso entenderlo con su alma… o más bien con Alma, su hija.

“Cuando estaba investigando y descubrí cuán complejo era el tema del color azul y cuán difícil era para los occidentales entenderlo, quise hacer un experimento”.

“En ese momento mi hija estaba en la edad de aprender a hablar y, como cualquier otro padre, yo jugaba con ella y le enseñaba los diferentes colores”, recuerda Deutscher.

“Se me ocurrió una idea para ver cuán natural es todo el asunto del azul, y en particular el color del cielo, que había dejado perplejos a los que lo habían investigado: ¿cómo puede ser que los antiguos, particularmente los del Mediterráneo, no tuvieran un nombre para el color del cielo, que a nosotros nos parece la cosa más obvia?”.

Lo que hizo fue enseñarle a Alma todos los colores, incluido el azul, pero se aseguró de que nadie le dijera de qué color era el cielo.

“Cuando estuve seguro de que sabía usar la palabra ‘azul’ para los objetos, en mis salidas con ella -los días en que el cielo estaba azul (¡estábamos en Inglaterra, no el Mediterráneo!)- empecé a preguntarle: de qué color es ese auto o ese árbol, etc. Y luego, señalaba el cielo y le preguntaba: ¿De qué color es eso?”.

Durante mucho tiempo, Alma no le respondió.

“Con todo lo demás, inmediatamente me contestaba, pero con el cielo, miraba y parecía no entender de qué le estaba hablando”, cuenta.

“Eventualmente, cuando ya estaba segura y cómoda con todos los colores, me respondió. La primera vez dijo: ‘blanco’.

Fue sólo después de mucho tiempo y tras ver postales en las que aparecía el cielo azul, que lo describió de ese color”.

Fue así que su hija le enseñó que no es tan obvio como nos parece.

“Lo entendí con mi corazón, observándolo en una persona, no leyéndolo en libros o pensando en pueblos del pasado remoto”.

“Y Alma ni siquiera estaba en la misma situación que los antiguos: ella sabía la palabra azul y sin embargo no la usó para el cielo. Comprendí que no era una necesidad imperiosa ponerle un nombre al color del cielo. No se trata de un objeto”, precisa Deutscher.

Lo mismo ocurre con el mar: al igual que el cielo, no siempre es del mismo color y, sobre todo, no es un objeto, así que no hay motivación para “colorearlo” con una palabra.

Cuestión de necesidad
“Nada ha cambiado en nuestra visión. Por siglos hemos tenido la misma capacidad física ver distintos tonos, pero no la misma necesidad”.

Entonces, ¿por qué empezamos a decir que algunas cosas son ‘azules’?

“Entre más avanzan tecnológicamente las sociedades, más se desarrolla la gama de nombres de los colores”.

“Con más capacidad de manipular los colores y con la disponibilidad de nuevos pigmentos surge la necesidad de una terminología más refinada. Y el azul es el último porque además de que no se encuentra fácilmente en la naturaleza, tomó mucho hacer el pigmento”.

“Era perfectamente normal decir que el mar era negro, pues cuando está de color azul oscuro, parece negro, y eso era suficiente en esa época; una sociedad simple funciona perfectamente bien con negro, blanco y un poco de rojo”, comenta el experto.

Y, ¿qué me dice de imágenes como ésta?

Los antiguos egipcios tenían pigmento azul y una palabra para nombrarlo, “pero, por supuesto, se trataba de una sociedad sofisticada”.

“Lo que importa no es tanto la época en la que vivieron sino del nivel de avance tecnológico. Es eso lo que se correlaciona muy de cerca con el volumen de vocabulario para los colores”, subraya el lingüista.

Pero un momento: en el hebreo bíblico está la palabra “kajol”, que significa azul.

“Es cierto, pero la razón por la que es confuso es que la palabra ‘kajol’ significaba negro. Tiene la misma raíz que la palabra ‘alcohol’, y el ‘kohol’ era un cosmético de polvos de antimonio que las mujeres utilizaban para pintarse los ojos, que era negro”.

Poco a poco fue cambiando hasta tomar el significado que tiene en el hebreo moderno: azul. Y ese no es el único caso.

“Lo mismo pasó con la palabra ‘kuanos’ en griego. Homero la usa, pero significa negro o algo oscuro. Fue después que empezó a significar azul”, nos dice Deutscher.

Fuente :
La Opinión